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Iglesia Cristiana-Gnóstica Litelantes de la Caridad Universal

Editorial

Siguen vigentes, como si se hubieran escrito ayer, las grandes palabras del Venerable Maestro Samael Aun Weor, expresadas algunas veces en forma lapidaria -conociendo la humana natura, que no gusta que le hablen con la verdad- y otras dándonos aliento para continuar en el camino que lleva a la cristificación de fondo.

 

La cruda realidad de los hechos -como solía decir nuestro querido Maestro- es que las evidencias están ante nuestros ojos: Siguen siendo ciertas y cabales sus observaciones sobre esta humanidad doliente, hechas desde 1964, o más bien, desde su primera obra en 1950.

 

En el año 46 de la Nueva Era de Acuario, la raíz de todos los males y disensiones sigue siendo el yo, el mí mismo, como repetidamente lo han dicho Nuestro Señor Buda (Las Cuatro Nobles Verdades), Nuestro Señor Jesucristo ( Niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame) y ahora Nuestro Señor Samael Aun Weor, a lo largo y ancho de su obra, verdaderamente el Quinto Evangelio.

 

 

Este Gran Manifiesto -que ahora ponemos a su amable consideración- es una síntesis de la enseñanza del Señor de la Síntesis, el Buda Maitreya, el Kalki Avatara, Nuestro Señor Samael Aun Weor. ¡Gloria a su Nombre!

 

Encontramos claves muy sencillas para comprender los procesos de disolución del yo, y la manera en que, con la bendita ayuda de la mujer, podemos transformar nuestra alma en espíritu, para que se llene de la gracia del Espíritu Santo.

 

No otra cosa desean para nosotros los Maestros de la Blanca Hermandad y los Avataras o encarnaciones de Vishnú, como dirían los indostanos. Sin embargo, esta humanidad se dedica con tesón prolijo a la maledicencia, la venganza y la guerra, en vez de la oración, la meditación y la acción directa de ayuda al prójimo, la caridad, que es lo que se proponen los Señores de la Luz al entregar estas enseñanzas, raíces de grandes religiones.

 

Esta situación se presenta palmariamente en todos los grupos, logias, sectas, filosofías y religiones, pues si nos dedicáramos a caminar firmes en el sendero que enseña cada una de ellas, habría la más absoluta paz en el mundo y podríamos comunicarnos libremente con los ángeles y los elementales de la naturaleza; podríamos parlar el Orto purísimo de los dioses, como decían los antiguos, una sola Lengua de Oro, y se verían maravillas sobre la faz de la tierra…

 

La dura realidad es otra, como bien sabemos: Si no hay cambio individual no hay cambio colectivo, si no hay paz interior no hay paz exterior. Si domina el ego haremos hechos egoicos, como sin lugar a dudas se ve todos los días.

 

Los signos de los tiempos anunciados por el Maestro Samael están a la vista, por doquiera vemos guerras y rumores de guerras, enfermedades y epidemias desconocidas y desconcertantes, y no se necesita ser sabio ni profeta para percibir que con sólo quitarle el dispositivo nuclear al cohete no se elimina el problema, pues es tanto como quitarle el cargador a la pistola automática: en cualquier momento se puede recargar...

 

Al efecto, recordemos las palabras de nuestro Gurú:

“Se acerca la Era Acuaria y hay necesidad de abrir todas las facultades; se acerca la era de la luz y hay necesidad de despertar todos los poderes. Más que nunca debemos ahora ser prácticos -y prácticos, repito- ciento por ciento.”
“El tiempo de estar teorizando ya pasó hermanos. Ahora vienen acontecimientos terribles para la humanidad, y es bueno que nosotros estemos preparados.” (Conferencia: Materia, Energía, Mantras).

 

Las circunstancias tanto sociales como crísticas (internas) nos exigen la incesante práctica, así como la mayor tolerancia y respeto por todas las religiones y escuelas filosóficas o esotéricas. Debemos buscar los puntos de unión y no las diferencias, esas hay que olvidarlas. Más bien debemos decir: ¡Religiosos del mundo, uniros!

 

Que la paz sea con ustedes.

 

Los Editores


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